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El turismo debe prepararse para suplir al petróleo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gustavo Armenta   
lunes, 26 de marzo de 2007

El turismo debe prepararse para suplir al petróleo

Ante la afirmación del presidente Calderón de que en el futuro el turismo puede aportar el desarrollo que hoy aportan los hidrocarburos, Rodolfo Elizondo sostiene que hay que trabajar desde ahora para cuando ese momento se presente


A la mitad de la década de los 60 del siglo pasado, México no era una potencia petrolera ni tenía una industria turística. Contaba con unos cuantos destinos, como Acapulco, impulsado más como negocio particular del ex presidente Miguel Alemán, que como factor de desarrollo del país; algunos balnearios regionales como Mazatlán y ciudades coloniales como Guadalajara.

Gustavo Díaz Ordaz gobernaba y eran los años del desarrollo estabilizador del secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena, fallecido hace un par de semanas. La población aumentaba a tasas de 3.5% anual y la demanda de empleos era creciente ante una oferta insuficiente. Para solucionar ese problema, la producción del país debía progresar a un ritmo mayor, por lo que el gobierno se fijó como meta un crecimiento económico de 6% al año.

Pero, para alcanzar ese objetivo y generar las plazas laborales requeridas, se entró en un círculo difícil de romper: había que invertir en la planta productiva y eso significaba aumentar las importaciones, para lo cual se requería más dinero fresco. Ahí se llegaba a un punto de conflicto, ya que históricamente México arrastraba un déficit de divisas para financiar su crecimiento.

Ante esta realidad, Díaz Ordaz ordenó al Banco de México que realizara una serie de estudios para determinar qué industria había que desarrollar para conseguir los recursos que el país demandaba. Así, se consideró incrementar la minería, que tenía potencial, así como impulsar todo tipo de exportaciones, pero se determino que ambas opciones resultarían insuficientes. También se pensó en la maquila, pero ninguna de las alternativas estudiadas garantizaba la solución.

Entonces se cayó en la cuenta de que México tenía de vecino a una de las principales naciones generadora de turistas aficionados al descanso en el mar, que significan un gran mercado para el Caribe y Hawai, siendo que nuestro país contaba con playas extraordinarias y más cercanas para competir por esos millones de viajeros de placer y sus dólares. Hace 40 años, el turismo masivo buscaba sol y mar y solamente captábamos 3% del que salía de la Unión Americana.

La decisión se tomó y se determinó que el futuro de México estaba en el turismo.

El siguiente reto fue responder a las preguntas¿dónde? y ¿cómo?, ya que el problema no era encontrar algunos sitios adecuados, sino, por el contrario, elegir los más idóneos entre los muchos que existen en la república mexicana; y no contábamos con gente que tuviera experiencia en la materia.

La tarea se le encomendó a Antonio Enríquez Savignac, quien 16 años después sería secretario de Turismo y que también falleció en enero pasado, quien se abocó al estudio de la actividad turística en el mundo y a elegir en qué sitios del país habrían de hacerse los desarrollos.

Para la selección de los destinos se tomaron estas condiciones básicas: tenían que ser playas con gran belleza y buen clima; estar en zonas de pobreza para que sirvieran como polos de desarrollo económico y creación de empleos; o ser regiones con una baja densidad de habitantes, para crear núcleos poblacionales que atrajeran a gente de otros lugares del país.

Bajo estas premisas se ubicaron Cancún, Quintana Roo, y Los Cabos y Loreto, Baja California Sur, que ni siquiera eran estado de la federación, sino simplemente territorios; Ixtapa, junto al pueblo de Zihuatanejo, en Guerrero; y Huatulco, en Oaxaca.

Con los lugares definidos, se pensó en hacer algo más que centros vacacionales con equipamiento básico como hoteles y restaurantes, sino edificar ciudades turísticas integrales, surgiendo entonces el concepto de Centro Integralmente Planeado (CIP).

A finales de 1970 hay cambio de gobierno y el nuevo presidente, Luis Echeverría, le da continuidad al proyecto turístico. Termina de construir Cancún, erige Ixtapa y crea la Secretaría de Turismo. Para finales de su administración, los primeros frutos llegan: el turismo crece a una tasa superior a las exportaciones.

En 1976 el nuevo presidente es José López Portillo, quien levanta los CIP´s de Los Cabos y Loreto, dejando para su sucesor, Miguel de la Madrid, la construcción de Huatulco. López Portillo continuó con los planes turísticos, pero ya sin tanto empuje debido a un suceso que cambió el rumbo del país: bajo su mandato se descubrieron los grandes yacimientos de hidrocarburos que convirtieron a México en una potencia petrolera mundial. Ante la nueva y enorme riqueza, todos los ojos del gobierno se voltearon hacia el petróleo y se olvidaron de lo demás. El petróleo, aseguraban, nos sacaría de la pobreza. Entonces vino la famosa frase del presidente: “Hay que prepararnos para administrar la abundancia”. El crudo suplió a la industria turística como motor del desarrollo y fuente de divisas en la óptica oficial y los planes para hacer de México una potencia turística quedaron en el olvido.

El turismo, otra vez

Treinta años después, la realidad es diferente. Luego de un sexenio foxista que gozó de altos precios del petróleo, lo que también hizo que el presidente Vicente Fox desdeñara el potencial del turismo, la nueva administración del presidente Felipe Calderón se estrenó este 2007 con la noticia de que, además de que el precio del crudo va a la baja, las reservas de hidrocarburos de Petróleo Mexicanos también se están agotando, situación que ha empujado al Jefe del Ejecutivo a regresar las esperanzas y los ojos del gobierno a la industria turística.

Calderón, que fue secretario de Energía en el gobierno de Fox, al anunciar a principios de este mes en Los Pinos la creación del Consejo Consultivo de Turismo, aseguró que es esta industria la que puede proveer los empleos y darle al país el crecimiento que requiere, aún por encima de lo que aporta el petróleo. Igual que en los tiempos de Díaz Ordaz.

“Debemos convertir a nuestra Nación en un referente obligado en el mapa turístico mundial; el turismo es la actividad que puede detonar los empleos que necesitamos, que puede hacer crecer al país, incluso por encima de actividades de las cuales hemos dependido durante décadas como es el caso del petróleo.

“El turismo es el pasaporte de entrada al México del futuro, al México justo, al México competitivo y al México ganador que queremos construir para los mexicanos que vienen. Todos debemos verlo e impulsarlo como la gran oportunidad que es para el desarrollo del país”, dijo para sorpresa de muchos de los presentes.

Un par de semanas antes, había platicado con Rodolfo Elizondo, secretario de Turismo y en esa conversación le pregunté si realmente la industria turística mexicana está preparada para ser el sustituto del petróleo. A lo que respondió que no, pero que es algo para lo que debe prepararse.

No. Yo creo que preparada no. Pero precisamente ese es el reto: prepararnos para que el turismo pueda ser realmente este amortiguador dentro de una disminución de los recursos petrolíficos o de energía en nuestro país. ¿Por qué digo que no estamos preparados? Pues porque 80% del turismo internacional está radicado en seis destinos turísticos del país, empezando por eso”, dijo.

Enseguida añadió que el crecimiento que podemos tener en materia turística hay que conducirlo estratégica e inteligentemente, de acuerdo a las tendencias del mercado internacional y nacional. “No hay que olvidar que el turismo nacional representa 85% de la actividad económica del turismo en términos reales; hay cerca de 55 millones de pernoctas al año en hoteles, eso habla de que hay un gran movimiento de gente que se traslada de una ciudad a otra, por negocios, por placer o por motivos familiares, pero que finalmente mueve mucho más que lo que ingresa a través del turismo internacional”, añadió para resaltar que no sólo se trata de turistas internacionales, sino también de la enorme importancia económica que tiene el mercado doméstico.

Por lo pronto ahí están los datos duros. Pemex acaba de presentar su Informe de Reservas de Hidrocarburos al 1 de enero de 2007, en el que da a conocer que sólo tenemos segura la producción de petróleo crudo para los próximo 9.6 años.

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