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Sectur, historia de una desaparición frustrada PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gustavo Armenta   
domingo, 25 de abril de 2010
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2010 Abril 25 

Historia de una desaparición frustrada

El año pasado, el presidente Calderón intentó desaparecer a la Secretaría de Turismo, pero la oposición de gran parte del sector convenció a los legisladores de rechazar esta iniciativa

Cuando era candidato a la Presidencia de la República, Felipe Calderón afirmaba durante su campaña electoral que un elemento clave para tener una economía competitiva que generara empleos en México era, “indudablemente”, el turismo.

“Sé que muchas veces se ha hablado en México de que el turismo sea prioridad nacional. Yo lo creo firmemente”, decía en lo que se entendía como una referencia crítica al entonces presidente Vicente Fox, quien siempre habló de que en su gobierno el turismo era prioridad nacional, pero en la práctica nunca hizo realidad tal aseveración.

En aquellos días, el candidato Calderón prometía una economía competitiva y generadora de empleos, que tendría como eje articulador al turismo, el cual durante su gobierno sería “la prioridad generadora de empleos de la manera más rápida y eficaz para México”.

“Mi propuesta de turismo está articulada sobre dos ejes rectores: por un lado, hay que expandir y aprovechar la enorme capacidad turística de México; y, por el otro, hay que asumir al turismo como un detonador del desarrollo regional del país”, aseguraba. Eran los primeros días de 2006.

En julio de ese año ganó las elecciones y meses después, en octubre, ya como presidente electo, Calderón se comprometió a hacer de México una potencia turística, que se ubicara entre los cinco países más visitados del mundo.

Para ello, dijo, deberá ser emitida una Política Pública que conduzca y consolide a la actividad turística. “Y debe ser una Política que esté por encima de las limitaciones de un partido e, incluso, óigase bien, por encima de las limitaciones naturales de un gobierno; se trata de hacer un proyecto nacional que rebase los límites partidistas y los límites de una administración. Se trata de construir una Política de Estado en materia de Turismo”, sentenció.

Entonces reiteró que durante su gestión el turismo sería una prioridad, ya que estaba plenamente demostrado que es un detonador de empleos, desarrollo y crecimiento. 

Y añadió que la Política Pública que regiría la actividad turística sería coherente con el Proyecto de Gran Visión México 2030, que formaba parte de su plan de gobierno.

Asimismo, ofreció mantener la Comisión Intersecretarial de Turismo, creada durante la administración de Fox, con la finalidad de dar seguimiento, en un esquema de transversalidad, a las acciones que realizaran todas las dependencias federales para fomentar la actividad turística. 

Inclusive, hizo público su compromiso de presidir personalmente las sesiones de este mecanismo en el que participaban catorce entidades de los gabinetes legal y ampliado, además de la Secretaría de Turismo.

En resumen, prometió que el suyo sería “el sexenio del turismo”. Y muchos le creyeron.

El desencanto

Dos de sus primeras acciones de gobierno alentaron a la industria turística del país: ratificó a Rodolfo Elizondo como secretario de Turismo, con lo cual se garantizaba la continuidad del trabajo que se venía haciendo; y en términos relativos asignó un sustancioso aumento al presupuesto de la Secretaría de Turismo (Sectur), aunque en la práctica se mantuvo como una de las dependencias del Gabinete con menor cantidad de recursos económicos.

Todo iba más o menos bien, hasta que llegó el 8 de septiembre de 2009, cuando Calderón anunció que, como parte de la Reforma a la Administración Pública, enviaría a la Cámara de Diputados una propuesta para desaparecer tres secretarías de Estado: Turismo, Reforma Agraria y Función Pública. Así, Sectur transferiría sus funciones a la Secretaría de Economía.

El principal argumento de esta decisión, fue que con ello el gobierno federal lograría un gran ahorro presupuestal, lo cual resultaba falso, por lo menos en el caso de Sectur.

La noticia cayó como balde de agua fría a todos aquellos, tanto del gobierno como de la iniciativa privada, que habían creído que en verdad este sería el sexenio del turismo.

Con excepción de la Asociación de Oficinas de Convenciones, encabezada por Armando de la Garza, que de inmediato expresó su inconformidad, prácticamente el resto de las organizaciones gremiales tardaron en reaccionar. Quienes sí se opusieron de inmediato fueron varios secretarios estatales de Turismo.

Ese mismo día, dos secretarias de Turismo estatales, de gobiernos priístas: Sara Latife, de Quintana Roo, y Beatriz Rodríguez, de Oaxaca, formaron un bloque para detener la iniciativa del presidente. Por su parte, otros dos secretarios, pero éstos de gobiernos perredistas: Alejandro Rojas, del Distrito Federal, y Alberto Treviño, de Baja California Sur, hicieron lo mismo.

Todo se paralizó. Y la situación se hizo dramática 21 días después, cuando no hubo una celebración oficial del 27 de septiembre, Día Mundial del Turismo, que tradicionalmente encabeza el propio Jefe del Ejecutivo. Ante la parálisis oficial, ambos bloques de secretarios estatales se unieron y tomaron en sus manos la conmemoración del día más importante a nivel mundial de esta industria.

Sólo que esta vez no fue para hacer fiesta, sino para dar a conocer un extenso y serio estudio en el que argumentaban los porqués no debía desaparecer Sectur. Y para que la cuña apretara todavía más, el documento fue elaborado por Francisco Madrid, uno de los hombres que más sabe de esta materia enMéxico, y quien fungió como subsecretario tanto de Planeación como de Operación durante todo el sexenio de Vicente Fox y los dos primeros años de Calderón. Durante cinco años trabajó al lado del entonces secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo.

A este frente opositor se sumaron gobernadores y legisladores, como Carlos Manuel Joaquín González, presidente de la Comisión de Turismo de la Cámara de Diputados, quien logró el apoyo de cinco fracciones parlamentarias: Convergencia, Partido Verde, PRI, PRD y Nueva Alianza, cuyos miembros desde la tribuna expresaron su rechazo a la desaparición de Sectur.

Finalmente, los legisladores no aprobaron la propuesta de Calderón y ninguna de las tres secretarías desapareció. Este fue uno de los más duros reveses que sufrió el presidente a manos del poder legislativo en sus tres primeros años de gobierno.

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Modificado el ( martes, 05 de octubre de 2010 )
 
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